Narrador/ Narradores
NARRADOR/ NARRADORES EN LA OBRA
Actualmente todos sabemos que el escritor de El Quijote fue Miguel de Cervantes, pero ha habido grandes dificultades para determinar quién fue el narrador o narradores que contaban esta fascinante historia.
Esta multiplicidad de narradores aporta a la obra más perspectivismo y facilita al lector el poder comprender de una mejor forma a los personajes y sus pensamientos.
En la obra se pueden distinguir al menos tres entidades enunciativas básicas, la primera, representada por Miguel de Cervantes como autor real y exterior del relato, la segunda, constituida por el "Narrador de El Quijote", y la tercera, el sistema retórico de autores ficticios que esta formado por el autor anónimo de los ocho primeros capítulos de la Primera Parte, por Cide Hamete Benengeli, por el morisco aljamiado, que también es anónimo y tradujo al castellano los manuscritos árabes hallados por el "Narrador" y finalmente por los académicos de Argamasilla, que son los autores de los poemas donados al "Narrador".
En El Quijote encontramos una serie de autores ficticios los cuales forman parte de un sistema autorial retórico y estilístico dirigido por el "Narrador" que es el que organiza, edita el texto completo y rige el sistema discursivo que engloba el enunciado de los autores ficticios. Estos constituyen versiones ficticias o textuales del autor real. Los autores ficticios pueden recibir un nombre propio como por ejemplo Dulcinea o Cide Hamete, o bien con un nombre común que funcione como propio, como es el caso de el barbero o la duquesa.
La figura del personaje de el "Narrador" se presenta a los largo de los capítulos ocho y nueve, aunque Cervantes se hace menciones a si mismo a lo largo de la obra y se presenta de la forma que el desea, como si se tratara de un personaje más de la historia; esto se puede ver en el capítulo seis cuando se menciona de esta forma: "–La Galatea, de Miguel de Cervantes –dijo el barbero.
–Muchos años ha que es grande amigo mío ese Cervantes, y sé que es más versado en desdichas que en versos. Su libro tiene algo de buena invención; propone algo, y no concluye nada: es menester esperar la segunda parte que promete; quizá con la emienda alcanzará del todo la misericordia que ahora se le niega; y, entre tanto que esto se ve, tenedle recluso en vuestra posada, señor compadre".
Se dice que hasta la lectura de los capítulos ocho y nueve de la Primera Parte de El Quijote el lector no conoce claramente los procedimientos narrativos de Cervantes, por eso en estos capítulos de dos autores. Se cree que el primer autor es Cide Hamete Benengeli y que el segundo autor suele ser identificado con Miguel de Cervantes.
La técnica del manuscrito encontrado es un recurso literario con el que el autor se enmascara, dando a conocer un texto como un hallazgo, en lugar de cómo fruto propiamente suyo y de su imaginación . Ya sea por darle a lo que es ficción verosimilitud de hecho histórico, o bien por evitarse problemas con censores diversos, sembrando la duda sobre su autoría, o por otros motivos.
Cervantes ensaya el procedimiento del manuscrito encontrado, inventa un historiador moro al que atribuye la autoría de la obra, un traductor que la vierte al castellano y se sitúa él mismo, como “segundo autor”, que mediante una narración en tercera persona desarrollada mediante la perspectiva de aquel que tiene un conocimiento total de todo lo que se ha narrado y lo que queda por narrar, es decir, de la historia, siendo capaz de hacernos llegar en el relato, los sentimientos más íntimos de los personajes y entrega dicha historia a los lectores.
La técnica del manuscrito encontrado, además de ser parodia del mismo recurso empleado en los libros de caballerías y de dar mayor ilusión de verdad a los hechos de don Quijote, es manejada como procedimiento del que se derivan hallazgos importantes, como el historiador moro "Cide Hamete Benengeli" es el primer “autor” del Quijote y el morisco "aljamiado" es su primer traductor (del árabe al castellano).
En este juego de autores y narradores, en el que combinan la historia de "Cide Hamete", la traducción del morisco, los comentarios del autor implícito y las intervenciones del narrador, además del punto de vista de este o aquel personaje, la inmensa libertad creadora preside todo el proceso y nos crea una múltiple perspectiva:¿quién garantiza la verdad de lo escrito por el historiador moro, siendo él verdadero como historiador y mentiroso como árabe? ¿Quién garantiza la fidelidad de la traducción del morisco?
El juego de autor moro, traductor morisco y narrador cristiano hace posible cualquier perspectiva. Por eso abundan en el texto los comentarios que el “autor segundo” prodiga sobre "Cide Hamete" (Capítulo 9, 1ª parte),las anotaciones del traductor así como otros que se producen a lo largo de la obra.
Todo ello es hábilmente manejado, bien con el fin del salvar la verosimilitud de lo narrado en un capítulo, bien como vehículo para el despliegue de la ironía y el humor, bien para complicarlo todo aún más, como en las contradicciones y desmentidos que tienen lugar, en posteriores capítulos, que revelan al autor moro, traductor morisco, narrador cristiano y hasta el mismo don Quijote.
Cervantes nos incita a replantearnos lo que es real y lo que es ficción a lo largo de su obra, pero realmente el propio Cervantes no estableció limites entre fantasía y realidad porque él no quiso. La ficción en la obra de Cervantes es un juego que este nos presenta escribiendo una novela sobre un hombre que no distingue la realidad de lo que este lee en sus libros de caballerías. Podemos sentir ,durante la pequeña lectura de los diez primeros capítulos, que la locura de Don Quijote no le permite a este distinguir entre ningún tipo de limites reales o ficticios, provocando así, que el lector presente dudas sobre lo que puede ser real y lo que no.
Aunque la literatura y la pintura puedan parecer artes muy distintas debido a que la literatura expresa los pensamientos, momentos o sentimientos a través de las palabras, mientras que la pintura expresa estas cosas con trazos finos y toques de color sobre un lienzo; pero en realidad las dos con capaces de expresar una misma idea o inspirarse en una creación de una obra a través de la otra e incluso compartir técnicas de interpretación. Utilizando el cuadro de Las Meninas como referencia para argumentar el porqué de las similitudes entre la novela y la pintura, podemos ver como hay un parecido entre este cuadro y El Quijote, y que tanto Velazquez como Cervantes se incluyen en sus obras realizando su trabajo, en el caso de Velazquez se representa en el cuadro de Las Meninas con un gran lienzo en una pequeña diagonal con el mientras coge pintura de su paleta, además de que este cuadro posiblemente te haga replantearte lo que es real y lo que no, ya que todos los personajes representados en este cuadro miran hacia el frente, el cual justamente coincide con el lugar donde nos situamos los espectadores para contemplar el cuadro, haciéndonos pensar a simple vista que posiblemente lo que Velazquez este pintando sea a nosotros.
En el caso de El Quijote, Cervantes se incluye a el mismo en la obra trabajando, cuyo caso es ser escritor, por lo que se cita un libro suyo y establece una relación entre un personaje y él mismo.
"Las Meninas" de Velazquez Don Quijote y Sancho Panza, "El ingeniosohidalgo Don Quijote de la Mancha", Cervantes.
BIBLIOGRAFÍA:


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